como atraer una relacion sana

Cómo atraer una relación sana cuando ya te cansaste de lo mismo

La mayoría de nosotras hemos llegado al momento en el que te das cuenta de que:

  • No quieres más intensidad vacía.
  • No quieres más dudas constantes.
  • No quieres más «casi algo».
  • No quieres seguir intentando descifrar qué siente alguien por ti.

Quieres una relación en la que haya interés, reciprocidad, claridad y tranquilidad.

Pero a veces también aparece una pregunta incómoda:

¿Por qué, aunque cambie la persona, termino viviendo situaciones parecidas?

Quizá frecuentas personas emocionalmente poco disponibles, relaciones ambiguas, mucha intensidad al principio y poca consistencia después, vínculos en los que terminas esperando que algún día la otra persona pueda darte aquello que desde el principio has dicho que quieres.

Es fácil pensar que simplemente tenemos mala suerte en el amor. Pero también podemos hacernos otra pregunta:

¿Hay algo en mi manera de elegir, vincularme o poner límites que está contribuyendo a que determinados patrones se repitan?

No para culparnos de las decisiones de otras personas. Sino para observar aquello sobre lo que sí tenemos capacidad de actuar. Porque no podemos controlar quién aparece en nuestra vida.

Pero sí podemos aprender a elegir mejor quién se queda en ella.

¿Por qué podemos repetir patrones en nuestras relaciones?

No creo que podamos reducirlo a «atraes lo que eres» o «atraes lo que todavía no has sanado». Las relaciones humanas son bastante más complejas.

Nuestras experiencias anteriores, nuestras expectativas sobre el amor, la autoestima, el estilo de apego, lo que hemos aprendido observando otras relaciones y nuestras circunstancias actuales pueden influir en cómo interpretamos y vivimos nuestros vínculos.

La investigación sobre apego adulto, por ejemplo, estudia dos dimensiones relacionadas con la inseguridad en las relaciones: ansiedad y evitación.

Las personas con mayor ansiedad de apego pueden preocuparse especialmente por el rechazo o el abandono y permanecer más pendientes de las señales que reciben de su pareja. Las personas con mayor evitación pueden sentirse incómodas con determinados niveles de intimidad o dependencia emocional.

Esto no significa que tengamos un «tipo de apego» inmutable que determine nuestro destino amoroso.

Las experiencias posteriores y las propias relaciones también pueden influir en nuestra seguridad emocional.

Lo importante para mí no es ponernos una etiqueta, es preguntarnos:

¿Qué patrones aparecen repetidamente en mis relaciones y qué hago yo cuando aparecen?

Quizá aceptas durante demasiado tiempo situaciones que sabes que no quieres; intentas convencer a alguien de que te elija; confundes una conexión muy intensa con compatibilidad; ves desde el principio que queréis cosas diferentes, pero permaneces esperando que la relación cambie; o quizá nada de eso te ocurre y simplemente has conocido personas que no eran compatibles contigo.

No todo vínculo que sale mal revela una herida que necesitas sanar. Pero cuando una historia se repite varias veces, observar nuestra propia participación puede ayudarnos a tomar decisiones diferentes.

Química y compatibilidad no son lo mismo

Puedes sentir muchísima química con alguien y, aun así, no ser compatibles.

La atracción responde a una pregunta: ¿Me gusta esta persona?

La compatibilidad necesita muchas más:

¿Queremos un tipo de relación parecido?

¿Podemos comunicarnos?

¿Nuestros valores importantes son compatibles?

¿Existe disponibilidad emocional?

¿Hay respeto?

¿Lo que dice coincide habitualmente con lo que hace?

¿Podemos expresar necesidades y límites?

¿Existe reciprocidad?

Sentir algo muy fuerte por alguien no responde automáticamente ninguna de estas preguntas. Y esta distinción puede ser difícil de aceptar precisamente cuando existe mucha conexión. Porque una persona puede gustarte muchísimo y seguir sin poder ofrecerte la relación que quieres.

No necesitas negar lo que sientes para reconocer lo que estás viendo.

Una relación sana no significa no sentir nunca ansiedad

Aquí quiero hacer una distinción importante.

A veces escuchamos frases como: «Si te da ansiedad, no es ahí.» Pero no siempre es tan sencillo.

Podemos sentir inseguridad incluso dentro de una relación saludable, especialmente si tenemos miedo al rechazo, experiencias relacionales difíciles o tendencia a interpretar determinadas situaciones como amenazas.

La investigación sobre apego muestra precisamente que una mayor ansiedad de apego puede hacer que una persona esté más pendiente de posibles señales de rechazo o abandono y experimente mayor preocupación dentro de sus relaciones.

Por eso, sentir ansiedad no demuestra por sí solo que una relación sea mala.

Lo que sí podemos observar es qué está ocurriendo alrededor de esa ansiedad.

¿La otra persona desaparece constantemente?

¿Evita cualquier conversación sobre la relación?

¿Dice una cosa y hace otra?

¿Hay mentiras?

¿Tus necesidades son ridiculizadas?

¿O la persona se comunica contigo, intenta comprenderte, mantiene cierta coherencia y puedes hablar de aquello que te preocupa?

Una relación sana tampoco está libre de conflictos, inseguridades o momentos incómodos.

La diferencia está en cómo se manejan.

La investigación sobre relaciones utiliza el concepto de responsividad percibida de la pareja para describir la sensación de que nuestra pareja nos comprende, nos valora y responde a nuestras necesidades. Esta percepción se ha relacionado de manera consistente con mayor intimidad y satisfacción en la relación.

Por eso, más que preguntarte únicamente:

«¿Esto me da paz o ansiedad?»

puedes preguntarte:

«¿Qué está provocando lo que siento y cómo responde esta persona cuando intento hablar de ello?»

El amor propio no garantiza que aparezca una relación sana

Hay otra idea que merece matizarse.

A veces se dice:

«Cuando aprendas a valorarte, llegará alguien que también te valore.»

Me parece una idea bonita, pero no podemos garantizarlo.

Trabajar nuestra autoestima no controla quién conoceremos ni cómo se comportarán otras personas.

Lo que sí puede cambiar es lo que hacemos cuando alguien no puede ofrecernos aquello que buscamos.

  • Quieres alguien que te valore: ¿Puedes reconocer cuando alguien no lo está haciendo?
  • Quieres estabilidad: ¿Estás dispuesta a alejarte de una dinámica que lleva meses siendo ambigua?
  • Quieres alguien que te elija: ¿Puedes dejar de intentar convencer a alguien que ya te está mostrando que no quiere lo mismo?

Eso es diferente.

No trabajas en ti para «merecer» una buena pareja. Ya mereces respeto independientemente de tu nivel de autoestima, tus heridas o tus errores.

Trabajas en ti para conocerte mejor, comunicarte mejor, establecer límites y tomar decisiones más coherentes con lo que quieres. Y ahí sí recuperas parte de tu poder.

Cómo empezar a construir relaciones más sanas

No existe una fórmula para atraer a la persona correcta. Pero sí podemos desarrollar criterios que nos ayuden a elegir con mayor consciencia.

1. Define lo que quieres y también lo que no aceptarás

Saber que quieres «una relación sana» es demasiado amplio.

Pregúntate qué significa realmente para ti.

Quizá quieres:

  • Una relación seria.

  • Exclusividad.

  • Comunicación frecuente.

  • Afecto.

  • Un proyecto de vida compatible.

  • Disponibilidad emocional.

  • Respeto por tu independencia.

  • Deseos parecidos respecto al matrimonio o los hijos.

Después piensa en tus límites.

Por ejemplo:

  • No quiero permanecer indefinidamente en una relación ambigua.

  • No quiero normalizar faltas de respeto.

  • No quiero intentar convencer a alguien para que quiera una relación conmigo.

  • No quiero ignorar incoherencias repetidas porque existe mucha química.

Tener criterios no significa elaborar una lista imposible que otra persona deba cumplir perfectamente.

Significa saber qué cosas son importantes para ti antes de que la atracción haga que empieces a negociarlas todas.

2. Observa los hechos, no solamente las palabras

Al principio de una relación es fácil dejarnos llevar por lo que alguien dice que quiere.

«Quiero algo serio.»

«Nunca había sentido esto.»

«Contigo es diferente.»

Las palabras importan, pero necesitan tiempo para demostrarse.

Observa si existe cierta coherencia entre lo que esa persona dice y cómo actúa.

¿Cumple acuerdos?

¿Mantiene el interés con el paso del tiempo?

¿Puedes expresar algo que te incomoda?

¿Respeta tus límites?

¿Se interesa por conocerte realmente?

No necesitas buscar señales constantemente ni analizar cada mensaje, solo permitir que el tiempo te muestre información.

3. Deja de romantizar el potencial

Esta puede ser una de las trampas más difíciles.

No relacionarte únicamente con quien esa persona es hoy, sino con quien imaginas que podría llegar a ser.

«Cuando esté preparado…»

«Cuando supere esta etapa…»

«Cuando se dé cuenta de lo que tenemos…»

«Cuando pierda el miedo al compromiso…»

Las personas pueden cambiar.

Pero no podemos construir una relación presente basándonos únicamente en una versión futura que quizá nunca llegue.

Pregúntate:

Si esta persona siguiera siendo exactamente como es ahora, ¿seguiría queriendo esta relación?

La respuesta puede decirte mucho.

4. Aprende a irte aunque todavía te guste

Alejarte de alguien no siempre significa que dejaste de sentir, a veces te vas precisamente mientras todavía sientes.

  • Porque existe conexión, pero no reciprocidad.
  • Porque existe química, pero queréis relaciones diferentes.
  • Porque te gusta esa persona, pero la dinámica te está haciendo daño.
  • Porque llevas demasiado tiempo esperando algo que no está ocurriendo.

Y aquí aparece una forma de amor propio que no siempre se siente bonita.

Elegirte no siempre se siente bien inmediatamente.

A veces duele.

Puedes echar de menos a alguien y seguir sabiendo que marcharte fue la decisión más coherente contigo.

Sentir amor, deseo o conexión no te obliga a quedarte.

5. Aprende a comunicar lo que necesitas

Una relación sana tampoco consiste en encontrar a alguien capaz de adivinar todo lo que necesitas.

Necesitamos aprender a comunicar.

«Esto es importante para mí.»

«Esto me hizo sentir incómoda.»

«Yo estoy buscando una relación seria. ¿Tú qué quieres?»

«Necesito tiempo para pensarlo.»

«Esto no funciona para mí.»

La intimidad se construye, entre otras cosas, cuando podemos mostrar necesidades y sentimientos y percibimos que la otra persona intenta comprenderlos y responder a ellos.

Eso no significa que nuestra pareja tenga que aceptar todo lo que pedimos.

Significa que existe espacio para hablar sin que nuestras necesidades sean ridiculizadas, ignoradas sistemáticamente o utilizadas en nuestra contra.

Manifestar una relación sana también implica actuar

Desde una perspectiva espiritual, puedes utilizar la manifestación para reflexionar sobre qué tipo de relación quieres construir.

  • Puedes visualizarla.
  • Escribir tus intenciones.
  • Preguntarte cómo quieres sentirte.
  • Definir qué valores quieres compartir.

Pero para mí la manifestación pierde sentido cuando se convierte en esperar pasivamente que «el universo» envíe a la persona correcta.

Manifestar también implica actuar de manera coherente con aquello que dices querer.

  • Si quieres claridad, deja de permanecer indefinidamente donde solo recibes ambigüedad.
  • Si quieres reciprocidad, observa si también existe del otro lado.
  • Si quieres respeto, aprende a reconocer y comunicar tus límites.
  • Si quieres una relación seria, atrévete a preguntar qué está buscando la otra persona.

No puedes manifestar las decisiones de alguien más, pero sí puedes utilizar tus intenciones como una brújula para tus propias decisiones.

Para mí, ahí es donde la espiritualidad y la responsabilidad personal pueden encontrarse.

¿Cómo se siente una relación sana?

No existe una única sensación universal.

Una relación sana puede emocionarte muchísimo, darte mariposas, existir pasión, haber discusiones, tener inseguridades. También habrá días normales, silencios, cansancio y momentos en los que ninguno de los dos esté en su mejor versión. Por eso no utilizaría únicamente la tranquilidad como criterio.

Miraría algo más amplio:

  • Existe respeto.

  • Puedes comunicarte.

  • Hay interés recíproco.

  • Tus límites importan.

  • Puedes seguir teniendo una vida propia.

  • Existe espacio para reparar después de un conflicto.

  • No necesitas vivir interpretando señales contradictorias.

  • Puedes mostrarte vulnerable sin que eso se utilice contra ti.

  • Las palabras y los comportamientos mantienen cierta coherencia con el tiempo.

Una relación sana no tiene que ser perfecta para ser segura. Y tampoco debería exigirte vivir permanentemente demostrando que mereces que alguien se quede.

Ejercicio: cambia «qué quiero atraer» por «qué quiero elegir»

Si quieres una relación diferente, prueba a escribir estas cuatro preguntas:

1. ¿Qué quiero construir con una pareja?

No pienses únicamente en características físicas o profesionales. Piensa en cómo quieres relacionarte.

2. ¿Qué tres cosas son realmente importantes para mí en una relación?

Por ejemplo: reciprocidad, comunicación, compromiso, independencia, afecto o proyecto de vida.

3. ¿Qué comportamientos he justificado anteriormente porque alguien me gustaba mucho?

Intenta responder sin castigarte.

El objetivo no es preguntarte «¿cómo pude permitir esto?», sino:

«¿Qué quiero hacer diferente la próxima vez?»

4. Si conozco a alguien que me encanta pero no quiere lo mismo que yo, ¿Qué decisión quiero recordar que puedo tomar?

Guarda esa respuesta.

Porque probablemente será mucho más fácil escribirla ahora que recordarla cuando estés enamorada.

No necesitas elegir entre sentir y elegirte

Creo que una de las lecciones más difíciles del amor es aceptar que podemos sentir muchísimo por alguien y, aun así, reconocer que esa relación no es para nosotras.

No porque esa persona sea necesariamente mala, ni porque todo haya sido mentira. Simplemente porque sentir algo no siempre significa que debamos construir una vida alrededor de ello.

Por eso, cuando hablo de «atraer una relación sana», no hablo de convertirte en una mujer perfectamente sanada para que finalmente aparezca el amor que mereces.

Hablo de algo mucho más realista.

  • Conocerte.
  • Observar tus patrones.
  • Definir lo que quieres.
  • Comunicarlo.
  • Dar tiempo para conocer realmente a alguien.
  • Y aprender a retirarte cuando aquello que tienes delante no es compatible con la vida que quieres construir.

Quizá no podamos controlar quién llega, pero podemos aprender a no abandonarnos a nosotras mismas para conseguir que alguien se quede. Y para mí, ahí empieza una forma mucho más sana de amar.

No necesitas aprender a sentir menos. Necesitas aprender a elegir sin dejarte a ti misma fuera de la elección.

Si este artículo te ha hecho pensar en una relación o patrón que estás intentando dejar atrás, puedes continuar ese proceso con el Ritual del desprendimiento, como un espacio de reflexión para reconocer lo que quieres soltar y volver a dirigir tu atención hacia ti.

Fuentes

  • Simpson, J. A. & Rholes, W. S. (2017). Adult Attachment, Stress, and Romantic Relationships. Current Opinion in Psychology, 13, 19–24.

  • Arriaga, X. B. American Psychological Association. Attachment bonds: Understanding our closest relationships. Speaking of Psychology.

  • Reis, H. T. y colaboradores. Investigación sobre perceived partner responsiveness y calidad de las relaciones íntimas.

  • George-Levi, S. y colaboradores (2021). The Role of Relational Entitlement, Self-Disclosure and Perceived Partner Responsiveness in Predicting Couple Satisfaction: A Daily-Diary Study. Frontiers in Psychology.

Relación sana

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